Dios nos llama

“No me han elegido ustedes a mí, sino que yo los he elegido a ustedes, y los he destinado para que vayan y den fruto, y que su fruto permanezca” Jn. 15,18.

Dios, a cada uno de sus hijos, nos llama por nuestro nombre y ese llamado está inscrito en el corazón de todos. Toda vocación es una respuesta de amor (1 Jn 4,19) un llamado a una entrega específica a Dios y a los demás. Esto nos impulsa a preguntarle a Dios con libertad: ¿Cuál es el camino al que me invitas para mejor amarte y servir a los demás?

La vida consagrada es un llamado a entregarse al Señor al servicio de la Iglesia. Se trata de aceptar la invitación para consagrar la propia vida en un modo particular de vivir la vida cristiana mediante los consejos evangélicos de pobreza, castidad consagrada y obediencia.

Hombres y mujeres dedican sus vidas a servir a Dios en diversos institutos de vida consagrada o sociedades de vida apostólica, cada uno con su propio carisma.

La vocación

El Señor nos llama a un compromiso apostólico a ayudar a cada ser humano a responder en primera instancia a su llamado a la santidad del que naturalmente se despliega el camino vocacional como respuesta al amor de Dios.

Testimonio vocacional de Elizabeth Ketteler, Fraterna

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