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Al responder al llamado que el Señor Jesús nos hace a vivir la Plena Disponibilidad Apostólica,  entendemos que los pilares de nuestra vocación son los compromisos que profesamos:

  

  • La obediencia, compromiso que buscamos vivir, entendiéndola como una bendición de Dios, Quien, por medio de personas y situaciones concretas nos muestra su Plan de Amor.
  • El celibato que recibimos como don que Dios nos regala y que debemos cuidar para tener un corazón indiviso. Es nuestro camino de amor universal: amar con un amor total a todas las personas que el Señor Jesús pone en nuestro camino, y vivir así con una mayor libertad para la evangelización.
  • La comunicación de bienes. Este compromiso implica un auténtico espíritu de solidaridad y generosidad, así como también el uso reverente de los bienes materiales.
  • Vida comunitaria; el Señor Jesús nos llama a una comunidad concreta, en la que debemos buscar vivir el misterio del Amor Divino. La amistad que se vive entre cada una de las fraternas es un tesoro que nos ayuda para ser fieles y generosas en nuestra respuesta al Plan de Dios.

Además la vida espiritual tiene una importancia central en nuestras vidas. Toda vez que del encuentro íntimo y personal con el Señor Jesús, en la oración y en las acciones cotidianas, es de donde brota la urgencia de mostrar a los seres humanos el rostro amoroso de Dios. Tratamos de hacer de nuestra vida, una oración. Que toda nuestra vida sea para dar gloria a Dios y así, hacer de ella una liturgia continua en donde “la oración sea para la vida y apostolado, y la vida y apostolado se hagan oración”.