Lima, 6 de abril de 2016.

El Pasado Lunes 4 de abril, fiesta de la Anunciación Encarnación, las fraternas que vivimos en Lima tuvimos la gran bendición de participar en una Misa de acción de gracias celebrada por S.E.R el Cardenal Juan Luis Cipriani, Arzobispo de Lima, en la basilica catedral. Fue una celebración preciosa donde pudimos darle las gracias a Dios por el don de nuestra vocacióny de nuestra misión.

 

El Cardenal comenzó alentándonos a darle gracias al Señor por tantos momentos de gracia y bendición: «Es un andar de la Fraternidad Mariana de la Reconciliación. Son 25 años, por eso con mucha sencillez invitando a nuestra Madre en esta solemnidad de la anunciación del Señor, con esa sencillez, entramos en nuestros corazones para darle gracias a Dios, tantos momentos de gracia, de bendición, tantas familias, tantos niños como veo aquí presentes, tanto jóvenes, tanta gente que en estos 25 años ha recibido a través de la fidelidad de ustedes, de la Fraternidad Mariana, ha recibido la gracia, la conversión, la llamada». 

«En este año en que estamos celebrando con gozo 25 años de fidelidad, de entrega, de dolor, de caídas, de ilusiones, de sueños; abramos bien nuestros ojos, pongamos nuestro corazón en el corazón dulcísimo de María, pongamos nuestro corazón en ese corazón sacratísimo de Jesús. ¡Cuánto trabajo! ¡Cuánto dolor! ¡Cuántos momentos de gozo! ¡Cuántas alegrías! Todo por amor y solo por amor. Por eso el compás de nuestra vida y de toda institución tiene que ir junto al latido del Corazón de María, de Jesús, y tantas veces me tengo que poner de rodillas para decirle al Señor: perdón, siempre, tu corazón, y me brota el pedir perdón. No es algo social, no es algo sentimental. Brota de lo más profundo. ¡Qué bueno eres conmigo, cuánto me aguantas, cuánto me acompañas, cuánto me fortaleces! Y brota el sentirme frágil, débil, poca cosa, pero en sus manos: hijo de Dios. Ese es el fin, hijo de Dios. Pensemos pues hoy, cómo esa gratuidad, tantos dones de la gracia, y el Señor nos pregunta a cada uno: y tú, y yo, ¿cómo vas? Nos espera; y hoy de manera especial a ustedes, fraternas, en muchos lugares. En primer lugar te espera María. Te espera Jesús en el Sagrario, en la Cruz. Y desde ahí, te esperan en muchos rincones del mundo. En la Iglesia, para la Iglesia».

La catedral estuvo llena de familiares y amigos de las fraternas, asi como miembros de nuestra familia espiritual. Al final Alejandra Keen, superiora general de las fraternas, dirigió unas palabras de agradecimiento a todos los presentes y les pidió especialmente a todos los presentes que rezaran por nosotras.